
Tanto cuando te enamoras, cómo cuando te desenamoras te abordan ciertas inseguridades.
Cuando te enamoras porque tiendes a idealizar al otro y piensas que a lo mejor no eres lo bastante inteligente, guapa, sexy, delgada, divertida o “whatever” para él, te miras, te remiras y te sacas defectos, cuando estas enamorada esos pensamientos son intermitentes, algunas veces te sientes la reina de Saba y otras la hermana más fea de la cenicienta. La recurrencia de estos pensamiento está muy relacionada con el trato que te dispense tu pareja, si él te dice lo guapa que eres o lo mucho que te quiere, te sientes más segura, y esos pensamientos serán más espaciados en el tiempo.
Cuando la relación se rompe, cuando el amor desparece, esos pensamientos de nuevo te asaltan, te planteas si a lo mejor fuiste poco para él, que es lo que has hecho mal, etc, por muy capullo que haya sido el otro, no puedes evitar pensar que tu no has sabido estar a la altura, y esos pensamientos te torturan en ocasiones.
Luego lo racionalizas y te das cuenta de que tú evidentemente no eres perfecta, pero el otro, a todas luces, no lo es, y si tú te has podido enamorar de un ser “imperfecto”, algún día alguien se enamorará del ser “imperfecto” que eres , porque si al otro en su día lo consideraste “digno” de tu amor, porque no vas a ser “digna” del amor de quien sea.
Nunca pensé que citaría a Paulina Rubio, pero el otro día, escuchando una canción suya, me gustaron algunas estrofas, una de ellas dice “ Yo quiero que me quieras como soy, yo quiero que me quieras porque sí”. Y es eso, el que me quiera ha de hacerlo por como soy, quererme porque sí, y que ese amor resulte incontestable, que no se cuestione, si el amor se cuestiona, entonces no es amor de verdad. Yo quiero un amor de verdad, estoy cansada de sucedaneos, no quiero mas “surimi” de amor.
E.M.




