martes, 2 de diciembre de 2008

EXISTENCIA VACÍA



Después de tantos años ansiando lo que cualquier ser anhela en algún momento de su visa Lucía sentía que su vida estaba vacía sin sentido. Tenía una carrera, una familia que se llevaba bien y la querían, un hogar al que volver, unos amigos con los que poder contar, un trabajo, . . . y sin embargo sentía que estaba vacía, una tremenda soledad invadía su mente y su cuerpo que la llevaban a pensar que no merecía la pena nada de lo que había hecho hasta entonces y todo por lo que había luchado.

No había nada que la hiciera sentir mejor o la menos calmar el vacío que padecía en su ser. Querría salir corriendo, cambiar de vida a pesar de que lo tenía todo, salir huyendo sin mirar atrás. Era cobarde. Se sentía como una cobarde al pensar la terrible sensación que podría causar si se marchaba sin decir nada, pensaba que no podría salir delante de la sensación de caída libre hacía un punto donde la luz no llegaba que la embargaba, la asfixiaba. Quería salir de aquella situación pero no podía, se veía a sí misma tratando de luchar por olvidar esa situación, notaba como si algo le oprimiera el corazón haciéndola sentir inferior, una basura que no servía para nada sólo para hacer reír, acompañar, escuchar o simplemente estar presente en una estancia.

Aunque estuviese de acuerdo con lo que se dijera o en contra lo que fuese a decir no tuviera valor, no tuviera sentido y la hicieran sentir que era mejor no abrir la boca y mucho menos para decir chorradas que no venían a cuento de nada. Simplemente estaba. A menudo parecía estar fuera de su cuerpo viendo pasar las cosas, su vida por delante y desde otra perspectiva vacilante y superior veía lo que pasaba delante de sus narices y a pesar de saber que nada de lo que su mente y corazón parecían pensar y sentir era real y completamente absurdo, sin sentido. No pertenecía a ninguna parte, sus raíces, lo único que la podía sostener con aliento se esfumaba como por arte de magia.

Desde hace un par de años más o menos Las drogas y la mala vida que llevaba desde entonces, no le permitían ver a Lucía que había una salida; sólo si ella quería lo podría conseguir, reconocer que tenía un problema y que necesitaba ayuda. Era tan orgullosa, tan autosuficientes, tan independiente que parecía no necesitar nada y a nadie aunque fuese totalmente erróneo.

El caos que reinaba en su mente y el infierno en que se había convertido su vida tenían la esperanza de convertirse en algo nuevo y diferente, una vida nueva exenta de lujos pero una vida nueva donde todos los que la amaban la esperaban con los brazos abiertos. Todo dependía de que ella viera por sí misma que la vida le podía ofrecer una nueva oportunidad. Sólo tenía que extender la mano y decirlo, gritar que necesitaba auxilio. Y la ayuda que necesitaba entraría en cuestión de segundos.

Hace poco más de un mes Lucía fue hallada en las afueras de la ciudad. Llegó al hospital con un hilo de vida insuficiente para que los médicos pudieran hacer algo por salvarla. Su frágil y delicado cuerpo no resistió esta última batalla que intentaba librar a pesar de tener un corazón fuerte y luchador. Las fuerzas le fallaron y las pocas ganas de vivir precipitaron este trágico final hacia lo inevitable. Una familia destrozada por un vicio ruin que se apodero de una vida joven que tenía toda una vida por delante para disfrutarla a pesar de que ésta pudiera mandar algún que otro revés. Unos días después de su entierro un notario les hizo entrega a la familia una carta que en uno de sus últimos momentos de lucidez consiguió hacer de tripas corazón y tener el suficiente coraje para escribirla, dirigida a su familia y amigos donde pedía perdón por el daño causado a propios y extraños y suplicaba clemencia por haber sido débil de mente y no valorar suficiente lo que la vida le había regalado. Todo había empezado como un juego con el que obtener cierta gratificación aparente, igual que con un hábito. Pero más temprano que tarde todo empezó a tener consecuencias negativas en su vida. Las conductas adictivas producen placer, alivio y otras compensaciones a corto plazo, pero provocan dolor, desastre, desolación y multitud de problemas a medio plazo. No supo cómo ni porqué ni siquiera pudo salir pero sobre todo pedía perdón.




C. A. C.

4 comentarios:

  1. Uf, Cristi... ¡Vaya post más duro! Es una pena lo que pasa con las drogas. Supongo que la única forma en la que pueden combatirse es dando a los chavales muchos recursos para que no se conviertan en lo único a lo que se puedan agarrar.

    Hay que evitar, en mi opinión, más que un consumo ocasional, que se haga de ellas un estilo de vida.

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  2. Lo importante es no cerrar los ojos ante situaciones como estas y que por desgracia son cada vez más frecuentes. Vuelvo a repetir la frase de Mercedes Milá: “Muy de vez en cuando y sólo cuando el daño es brutal e irreversible son portada”.

    Aún así prometo y puedo prometer que el próximo post será positivo que los dos últimos me han salido de lo más pesimistas.

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  3. Madre mía como va subiendo el nivel de este Blog, empezamos hablando de ralladuras amorosas y nos estamos convirtiendo en algo más.. Si es que valemos pa tó.

    Muy bueno Cris.

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